¿Alguna vez te has puesto a pensar que tan cerca estás de la muerte?

En lo personal, me he sentido muy cerca muchas veces. Y ese sentimiento de incertidumbre, de saber que el mañana no existe, es lo que me hace querer ser mejor persona cada día. Para mí y para las personas que aprecio.
Cuando me muera no quiero que todo el mundo piense que fui la mejor persona del mundo y esas cosas que no son ciertas.
Quiero que mis seres queridos, los que me importan,  tengan partes de mi que puedan transmitir a lo largo de su vida a sus descendientes o a sus seres queridos. Si no alcanzo a dejar mis aprendizajes en un libro o en algún lugar donde alguien pueda lograr apreciar, al menos quisiera que estuvieran en las mentes y en los corazones de las personas y que sean transmitidos como yo lo hubiera querido hacer. De algo me han servido todas esas historias que he vivido, y que he contado. Así como hay personas que aprenden viviendo, hay otras que aprenden leyendo, viviendo vidas de alguien más. Así que trato de ayudar a las personas compartiendo las lecciones que he aprendido a lo largo de la vida.
Se que no todos somos iguales, se que no pensamos, no sentimos, no reaccionamos, no expresamos y no actuamos en base a los mismos principios, ni tenemos las mismas filosofías de vida, ni mucho menos las mismas metas, sin embargo, habrá algún loco como yo, que quiera al menos entretenerse con mis historias. Reírse, llorar, incluso criticar mi forma de actuar e imaginarse desenlaces con muchos finales alternativos. ¿Que hubiera sido si…?
Afortunadamente, no me arrepiento de las decisiones que he tomado, a pesar de que aún no estoy donde quiero estar, me ha gustado el camino largo, el estar perdida me ha enseñado lo bonito que es la vida y la infinidad de posibilidades que tenemos.
Así que por lo pronto sigo viva, seguiré escribiendo, seguiré viviendo, seguiré compartiendo mi vida a quien la quiera compartir también conmigo, me gusta aprender de los demás y me gusta saber que piensan y por qué, qué los mueve, qué  los hace superar sus malos días, qué los mantiene vivos y despiertos, qué les enchina la piel y que los hace llorar.

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